jueves, 6 de enero de 2011

VONNEGUTIANA

“and so on”
Kurt Vonnegut

Hace casi 40 años, al igual que Kurt Vonnegut (hace todavía más años), era yo tan inocente que creía que el rumbo de la humanidad iba a humanizarse; que la rapacidad de los ricos, fueran estos personas, corporaciones o países, iba a atenuarse; que habría algo más de solidaridad y respeto por los pueblos indígenas, por la gente pobre, por la naturaleza, porque ya todos habríamos comprendido que sólo de ese modo podríamos seguir existiendo y tener una posibilidad de ser felices.
Esto se habría dado, pensábamos muchos inocentes, por razón de que existían (o habían existido) el rock, el Ché Guevara, y por supuesto, Jesús y otros humanos muy sabios que habían predicado la paz, el amor (sí, la paz y el amor) y el respeto desde hacía siglos de siglos; y también porque millones de jóvenes en el mundo habíamos comprendido su mensaje; atisbado el desastre por venir al grado de estar dispuestos a ser masacrados en el proceso de hacer ver a los demás que el rumbo hacia el futuro no tenía salida, tal como íbamos.
Y así fue, porque salimos a las calles con toda nuestra bella ingenuidad y nuestra esperanza exuberante, para que todos vieran y escucharan unos lemas magníficos, milenarios algunos; otros recién creados por nosotros, y al ver y escuchar, comprendieran lo mismo que habíamos comprendido. En consecuencia fuimos amenazados, perseguidos, golpeados, encarcelados, torturados y asesinados por nuestros prójimos, que sólo obedecían órdenes de otros prójimos a cargo de gobernarnos, que daban ésas órdenes en medio de su perplejidad, porque no podían dar crédito a que esto fuera en realidad una idea nuestra y no una conspiración comunista o satánica… Su hipótesis tenía cierta lógica: si no estábamos, como todos, como siempre, siendo manipulados por ellos, entonces ¿por quién?
Después de la matanza y el encarcelamiento, después de las inocentes respuestas que tantos torturados habrán dado a sus captores, y así, quizá estos prójimos gobernantes comenzaron a darse cuenta de que, pese a que veinte agrupaciones políticas trataron de apoderarse del movimiento, no lo lograron (nunca lo habrían hecho, tales eran su tamaño, su fuerza y su inocencia). Entonces debía ser verdad que nos habíamos salido solitos del huacal, liberado un poco de la manipulación, y que habíamos actuado ingenua y auténticamente.
Así que decidieron darle una manita de gato a la manipulación, parcharla aquí y estirarla allá, para que les siguiera sirviendo. No crean que por maldad, sino porque cuando la mayoría no está bien manipulada se siente infeliz, sale a las calles a protestar y buscarse que la maten, y eso no es para lo que está el gobierno, sino para velar por la tranquilidad de todos. Y así.
Y una de las características de esta nueva forma de manipularnos fue que diera muy bien la apariencia de que, luego de la matanza y el encarcelamiento, los prójimos gobernantes habían recapacitado y comenzado, poco a poco, a hacernos caso. Y claro, para que esta manipulación fuera convincente, como siempre, ellos también comenzaron a creerlo.
Aturdidos y dolidos aún por la muerte y la desaparición de nuestros prójimos compañeros y amigos, pensamos entonces que tanta violencia y dolor no habían sido del todo en vano, ya que el rumbo parecía estar cambiando, lentamente claro, pero hacia donde era necesario que cambiara para tener esperanza. Por eso tratamos de restañar el dolor y reponer el coraje; de retomar nuestras vidas, terminamos la escuela y nos fuimos a trabajar con honestidad y a tener prójimos y prójimas parejas e hijos. A tratar de ser felices, vamos. Tratando de aguantar un poco más la impaciencia, de pensar que al fin la semilla de un cambio radical había empezado a germinar y de colaborar con esto en lo que pudiéramos, y así.
Es verdad que otros de nuestros compañeros prójimos no creyeron esto; pensaron que la violencia de los poderosos en contra de los jóvenes inocentes; la respuesta nula a las demandas, hacían necesario un cambio de estrategia y que sólo violentamente, tal como en el caso de Cuba había sucedido, era posible quitar de plano a los prójimos poderosos de su lugar y hacerse cargo ellos para gobernar más humanamente. A la mayoría ni siquiera les dio tiempo de deshumanizarse por efecto del ejercicio de la violencia, y menos por el del poder: fueron arrasados sin la menor piedad, con gran eficiencia por unos prójimos a cargo del poder que, más perplejos aún que antes, no lograban entender cómo los prójimos guerrilleros no podían ver el gran esfuerzo de cambio que se estaba haciendo por ellos (aunque el resultado fuera tan lento y a cuentagotas, debía ser un gran esfuerzo, pensábamos, para mover aun ése poquito a una estructura con tal inercia)… Aunque unos pocos escaparon y se escondieron, para preparar nuevas estrategias de lucha, quizá más viables.
Y otros más, se incorporaron al sistema y a sus instituciones, a los partidos políticos y los escalafones burocráticos en la idea de que quizá sólo desde dentro, desde el poder, era posible cambiar las cosas. Y claro que cambiaron algunas cosas, ciertas cosas no muy inertes o importantes, pero para hacerlo, para seguir simplemente allí donde podían hacerlo, tuvieron que dejar de lado alguno de sus principios, luego otro más, ante los imperativos institucionales y así, hasta que lo que cambió en realidad fueron ellos mismos.
***
El mundo, desde entonces, ha devenido en un sistema tan injusto como aquél que había antes de todo esto. Podríamos decir que aún peor, porque ya no hay tanta discreción, tanta hipocresía como antes. Las nuevas tecnologías han hecho posible que todas las iniquidades se sepan, y los inicuos se han vuelto cínicos, indiferentes, porque ya se dieron cuenta que no les sucederá nada; que la mayor parte de la gente prefiere no saber, olvidar lo que ha sabido, refugiarse en la matriz cómoda de mentiras que se difunden por los medios más escuchados. Y claro, cómo podría ser de otra manera, si pensar sólo produce cansancio y frustración, y nos da flojera o hasta horror el pensar que podríamos pensar.
Y bien: la guerra, el genocidio, la esclavitud y la miseria regresaron con más fuerza, luego de hacer como que iban a irse. Los prójimos que gobiernan hoy han decretado que deben cuidar unas variables macroeconómicas, y que en lo personal cada quien debe rascarse con sus uñas para que se den el crecimiento y el progreso; o bien cuando algún prójimo gobernante hace alguna propuesta para que los prójimos del pueblo estén un poco mejor ahora mismo, se le sataniza; se le acusa de irresponsable y populista; de estar sacrificando el futuro para que el presente sea vivible, mas no sustentable… El hecho de que los prójimos del pueblo quieran a estos populistas es, dicen los prójimos entronizados en el poder, la mejor prueba de que son tramposos y que lo único que buscan es ese poder (o sea, lo mismo que ellos).
***
Hace cuarenta años yo estaba razonablemente convencido de que los avances de la ciencia y la tecnología podrían sacar a la mayor parte de la humanidad del infierno y la desesperanza en que vivían. Los avances se dieron, sin duda. A veces mucho más sorprendentes de lo que se había previsto. Pero en su mayoría no impactaron positivamente en la vida de los prójimos que tanto los requerían, ya que se les puso precios impagables por la mayoría. El resultado es: más inequidad y pobreza.
Por lo que toca al medio ambiente, a la tierra y sus frutos, el saqueo y la destrucción persisten, ahora más sofisticados, y los desequilibrios pavorosos que la ciencia predecía hace treinta años se están cumpliendo, pero los prójimos gobernantes se niegan a hacer algo al respecto; o bien dicen que no se niegan pero lo que proponen son idioteces sin efecto real.
Qué se puede decir como conclusión: quizá vivir sin esperanza, que es mejor que desesperanzarse a cada rato, o esperar y esperar lo que nunca va a venir, y así. Sin esperanza es posible disfrutar el trabajo, la vida y, en el remoto caso de que haya compañía y amor, pues también.
Hasta luego.

No hay comentarios:

Publicar un comentario